La clase trabajadora de Francia está frenando la reforma laboral que intentó imponer el presidente Emmanuel Macron. El 22 de mayo pasado, en su tercer jornada de paro general en los últimos 8 meses, fueron convocadas al rededor de 130 marchas en todo el territorio nacional. Entre los desacuerdos (que no son pocos) los más importantes son la reducción de empleos y el congelamiento salarial.

El gobierno de Macron está gravemente debilitado ya que “es odiado por la mayoría de la población, y no sólo por los trabajadores sino también por amplios sectores de las capas medias. De hecho, el gobierno es apoyado sólo por la burguesía y por algunos de los sectores más privilegiados de la clase media. Además, el sistema parlamentario que durante decenas de años ayudó a la burguesía a canalizar las protestas por la vía muerta de las elecciones, se encuentra hoy en una profundísima crisis: el parlamento francés no merece siquiera el título de “hablador parlamentario” porque se convirtió en la línea automatizada de producción de las reformas antiobreras que también el propio Macron produce en forma de decretos.” (Francia: el movimiento y sus obstáculos.14/05/2018, www.litci.org)
En Argentina enfrentamos ataques del gobierno de Macri contra los trabajadores en sintonía con la reforma laboral y fiscal de corte neoliberal. Al igual que en el gobierno Macron, estamos padeciendo un congelamiento de los salarios frente a una inflación galopante y tarifazos hambreadores. Tal como en Francia, tenemos un parlamento y una oposición que deposita toda expectativa de contraofensiva en las elecciones del 2019.
No hay dudas. Los trabajadores tenemos la fuerza para decirles “¡Fuera!” a quienes pretenden quitarnos todo derecho, a quienes ejercen la violencia en primera instancia, a quienes sólo piensan en el beneficio económico en base a la explotación. Porque este sistema sólo subsiste en base a la fórmula explotadores/explotados.

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