Buenos Aires bajo el terror y la muerte. Revista Panorama, 1969

En 1910 la oligarquía argentina mostraba al mundo un país próspero con una economía firme y prometedora. Por entonces en Francia empleaban la expresión “Il est riche comme un argentin!” (es rico como un argentino) para referirse a la fabulosa riqueza de una persona. Obviamente hacía alusión a la fortuna que algún que otro estanciero argentino hizo junto a sus pares sometiendo al pueblo a niveles de explotación impensables en nuestros días. Sin embargo el Centenario pasó, la resistencia obrera se fortaleció, Europa se sumió en la gran tragedia de la guerra, Rusia tuvo dos revoluciones en 1917 y la Argentina no sería ajena a ninguno de esos acontecimientos…

En enero de 1919 la Argentina había sido afectada por la situación internacional. Corrían tiempos difíciles debido a que la clase dominante no podía beneficiarse como lo había podido hacer algunos años antes cuando gozaba de las riquezas obtenidas en base a la explotación del sistema agroexportador en vísperas del estallido de la gran guerra interimperialista en 1914.

Fue justamente la primera guerra mundial la que estaba contrayendo las economías incluso de los países con posición neutra y, como de costumbre, el peso de la crisis recaía sobre los que menos tienen. En ese contexto la clase obrera se veía obligada a trabajar en condiciones deplorables, ya que no sólo mujeres y niños lo hacían en las fábricas, sino que además los trabajadores se veían impedidos de ejercer su derecho a una jornada laboral de 8 horas con descansos dominicales. Dicha situación llevó a que los obreros de los talleres metalúrgicos Vasena de Buenos Aires se declararan en huelga en demanda de esas reivindicaciones. Tras varios días de conflicto, el 7 de enero de 1919, la patronal decidió reprimir con el servicio de rompehuelgas y policías que luego de un tiroteo asesinaron a varias personas. Los sindicatos, en su mayoría controlados por anarquistas, declararon la huelga en apoyo a los metalúrgicos. La violencia institucional y los grupos parapoliciales atacaron sin piedad a los obreros desarmados, lo cual provocó más protestas durante una semana. A pesar de la cantidad de muertos a manos del Estado, los obreros resultaron victoriosos y dejaron un gran legado de lucha a la clase obrera argentina.

Los obreros argentinos de 1919

La clase obrera había experimentado ya la Semana Roja durante mayo de 1909, durante la cual la oligarquía con sus fuerzas represivas atacaba trabajadores al grito de ¡viva la burguesía!. Anteriormente, los obreros habían habían realizado una serie de luchas que nutrieron la conciencia de clase. Entre ellas se puede citar como ejemplo la famosa Huelga de inquilinos de 1907 . Debido a ello, los trabajadores sabían intuitivamente quién era su enemigo. Estaba cimentado en la conciencia que nada bueno podía esperarse de los poderosos, ni siquiera del ‘peludo’, es decir, de Hipólito Irigoyen.

El periódico La Protesta, Buenos Aires c. 1904. Archivo General de la Nación

De ahí que en gran parte estuvieran organizados y politizados en organizaciones, que a pesar de sus titubeos, representaban en mayor o menor medida los intereses de la clase obrera. Las corrientes predominantes eran la FORA del V Congreso (anarquista) y la FORA del IX Congreso (sindicalista revolucionaria) así como también el Partido Socialista.

Es de vital importancia destacar que gran parte de la identidad argentina nació en esa clase obrera colmada de inmigrantes, cuyas ideas y anhelos de cambio social moldearon el ser argentino. Un gran número de las conquistas que hoy goza el pueblo argentino se las debemos a aquellos que vinieron con la intención de construir un paraíso terrenal en este país austral.

La oligarquía argentina

La oligarquía argentina de aquella época se sentía parte del ‘mundo civilizado’, ya que había hecho su riqueza luego de pactar acuerdos comerciales con el imperio británico, tomar deuda en condiciones vergonzosas para el Estado argentino, cometer un genocidio contra los pueblos originarios en la Patagonia ocupando sus tierras y repartiéndoselas, etc. Diez años antes había celebrado el Centenario haciéndole creer al mundo que su modelo agroexportador era todopoderoso y perduraría por años, aunque esto fue desmentido por la realidad económica mundial luego del inicio de la Primera Guerra Mundial.

Sin embargo, la oligarquía criolla fue incapaz de lidiar con la organización de la clase obrera, a la que nunca pudo derrotar definitivamente. Ni siquiera la Ley de Residencia pudo disciplinar a las organizaciones obreras, que se mantuvieron firmes en sus convicciones y lucharon por sus demandas. Por ello, la burguesía criolla siempre se vio en la necesidad de disfrutar de sus privilegios pujando con un proletariado que no estaba dispuesto a doblegarse; daba lucha y plantaba sus reivindicaciones. He ahí el carma que no deja dormir a los grupos económicos de hoy. Cómo maniatar a la clase obrera de una vez y para siempre.

El gobierno de Yrigoyen

El gobierno radical de Yrigoyen contaba por 1919 con la simpatía de las clases medias. En un principio se mostró dispuesto a escuchar las reivindicaciones obreras y con disposición al diálogo. A pesar de todo, cuando Buenos Aires fue prácticamente ocupada por los manifestantes, inclinó sus simpatías hacia la clase social a la que él verdaderamente representaba. Más allá de que luego Yrigoyen quiso hacerle creer al pueblo argentino que la mano dura no había sido aplicada por él, sino por otros sectores reaccionarios, fue su gobierno el que derramó la sangre obrera por las calles de la capital.

La movilización obrera más grande de la historia hasta aquella época

El 2 de diciembre de 1918 los metalúrgicos de los talleres Vasena se declararon en huelga. Desde ese día los obreros intentaron llevar sus reivindicaciones a Alfredo Vasena, su dueño, pero éste no estuvo abierto a ninguna negociación. Por ello es que con ayuda de la Asociación Nacional del Trabajo – ninguna relación con los trabajadores, sino con grupos de choques fascistas – intentó doblegar a los obreros en lucha empleando a carneros y rompehuelgas protegidos por la policía.

A pesar de la violencia de la patronal, los huelguistas recibieron la solidaridad de los vecinos, comerciantes y de los obreros portuarios que se negaban a transportar materiales de los talleres Vasena. La solidaridad obrera estaba vigente. Sin embargo, los carneros portaban armas y atacaban por doquier..

Los primeros días de enero entra abiertamente en escena la violencia policial. Varios enfrentamientos armados y la resistencia de los huelguistas hicieron que la policía y los rompehuelgas se retiraran. No obstante, el 7 de enero más de cien policías y bomberos armados atacaron las barricadas y dispararon contra las casas de la zona. Construcciones de madera que fueron fácilmente atravesadas con balas de plomo. Más de 15 personas perdieron la vida como resultado de la violencia del Estado.

Los asesinatos indignaron a las masas obreras. El 8 de enero se realizaron los velorios con asistencia masiva de la gente expresando su solidaridad. El 9 de enero Buenos Aires ya estaba paralizada. La huelga general convocada por las dos FORA era contundente.

Revista Caras y Caretas, 18 de enero de 1919.

Los manifestantes asistieron al cortejo fúnebre. Fueron atacados en varias ocasiones por la policía y el ejército luego de que Yrigoyen diera el visto bueno. Paralelamente toda Buenos Aires ardía en llamas. Varias manifestaciones con las calles tomadas y con el cese efectivo de actividades mostraba un claro panorama: la ciudad estaba en manos de los huelguistas.

Los días siguientes registraron varios episodios de violencia. Las fuerzas del Estado y organizaciones paramilitares se ensañaron con los trabajadores y apelando a una supuesta conspiración internacional atacaron sin piedad a cualquier posible representante de la clase obrera.

El 13 de enero luego de una reunión entre una delegación sindical, representantes del gobierno y Emilio y Alfredo Vasena se dio por terminado el conflicto. La patronal aceptó las principales reivindicaciones de los metalúrgicos. Los obreros volverían a su trabajo el 20 de enero.

El gobierno no pudo hacer frente a las manifestaciones restantes y el 14 de enero se vio obligado a llegar a un acuerdo y cesar las hostilidades por parte de la policía. También se comprometió a liberar a los detenidos y permitir el derecho de libre reunión.

La Liga Patriótica

Durante aquellos calientes días de enero la represión contra los obreros fue de magnitud desorbitada. Las distintas patronales contaban con la ayuda de la policía, bomberos (suena increíble, pero éstos participaron de la represión también), el tan ‘valiente’ ejército argentino, experto en defender la patria del enemigo interno, y rompehuelgas contratados. Además tenía también de su lado a grupos paramilitares formados por jóvenes ricos asustados que querían pasar a la acción directa, ya que desconfiaban de la capacidad represiva de las fuerzas armadas. Se dio origen así a la Liga Patriótica Argentina. Ésta no era más que bandas fascistas organizadas por los hijos de hacendados y comerciantes. En pocas palabras, los niños bien, cuya preocupación principal era la protección de sus privilegios, bienes y tierras que se veían amenazados por el peligro ‘maximalista’.

Bandas fascistas de jóvenes ricos a la caza del ‘ruso’

Su ‘valiente’ actuación consistiría en atacar clubes obreros, redacciones de periódicos, locales sindicales. Así también estos jóvenes católicos patoteros impartieron el terror blanco en los barrios de inmigrantes, especialmente ahí donde se concentraban judíos y catalanes, a los cuales tildaban automáticamente de ‘anarquistas’. Lincharon abiertamente a cualquiera que pasara por ruso y lo agredían sin piedad. De esta manera ocasionaron la muerte de varias personas provocando el primer pogrom en la Argentina. Algunas fuentes hablan de 117 personas asesinadas a causa de esos ataques.

Una victoria trágica, pero una victoria al fin

Algo que ha sido borrado de la memoria histórica es el resultado de esta movilización obrera y popular. Finalmente el gobierno se vio obligado a ceder ante las reivindicaciones de los metalúrgicos y a liberar a los detenidos.

Más allá del horror y de los aspectos negativos de estos acontecimientos, es imprescindible recordar que fue una gesta heroica, ya que sin la lucha de aquellos obreros en las calles ese enero, la realidad hoy sería muy diferente.

La Semana Trágica, engañosa por el nombre que la historia le ha dado, fue un hito en la historia de los trabajadores. Los obreros organizados en sus sindicatos, con sus medios de comunicación como el periódico La Protesta y la autoorganización, enseñaron a las siguientes generaciones cómo hay que tratar a los explotadores. Dejaron en claro que no le sería fácil a la clase dominante imponer sus condiciones de esclavitud. Así ha sido. Todos los que luchan en las calles contra los intentos de hambrear al pueblo portan en su corazón la esencia combativa de sus antepasados.

 

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