“A muchos años de su fusilamiento, seguimos batallando por los derechos que, consecutivamente, nos quisieron arrebatar: el acceso a la educación pública, la igualdad de oportunidades, el salario digno y el valor de la tarea docente”.

El 4 de abril de 2007 en la ruta nacional N° 36, en la localidad de Arroyito, a unos 50 kilómetros de Neuquén capital Carlos Fuentealba dio su última clase. Allí enseñó con su testimonio a luchar por una educación pública y emancipadora. Fue fusilado en la represión que ordenó el entonces gobernador de la provincia Jorge Sobisch.

Hace 11 años que Carlos no está presente. Hace 11 años que no tenemos justicia completa. Como entonces, hoy exigimos juicio y castigo a los responsables políticos e ideológicos de su asesinato.

Memorias de un luchador

Carlos se recibió de docente en el año 2005, a los 38 años. Comenzó a trabajar como profesor de química en el Centro Provincial de Enseñanza Media (CPEM) Nº 69 del barrio Cuenca XV, uno de los más pobres del oeste de la ciudad de Neuquén. Allí fue elegido por sus compañeros como delegado sindical.

Fue un militante activo por la defensa de la escuela pública. Por ello, el 4 de abril participaba de una medida de fuerza del gremio ATEN que había resuelto: realizar cortes en las rutas 22 y 237.

Ese día, antes de que se efectivizara el corte de ruta, los docentes fueron desalojados con balas de goma, gases lacrimógenos, bombas de pintura y un carro hidrante en dos ocasiones. Muchos se refugiaron en una estación de servicio cercana y otros fueron perseguidos por policías a pesar de haberse retirado de la ruta. Tras una conversación entre dirigentes y policías se detuvo el accionar policial y los docentes se retiraron en grupo, a pie y en autos.

Fuentealba se encontraba en el asiento trasero de un auto Fiat 147 que se retiraba del lugar, cuando un policía de nombre José Darío Poblete, apuntó hacia la cabeza de Fuentealba a través del vidrio, y disparó una granada de gas lacrimógeno. El cartucho atravesó el vidrio del vehículo e impactó en la nuca de Fuentealba, causándole hundimiento de cráneo. En el hospital provincial fue sometido a dos operaciones y finalmente murió al día siguiente.

El hecho causó conmoción y repudio generalizado. Los trabajadores de la educación, administrativos y docentes de todo el país llevaron a cabo huelgas, movilizaciones y asambleas masivas, bajo consignas como “Las tizas no se manchan con sangre”, “Sobisch Asesino”, “Nunca Más” entre otras, y exigiendo la renuncia y el juicio político al gobernador Sobisch.

A pesar de que las protestas en todo el país pedían el juicio político a Sobisch, la legislatura provincial se mantuvo cerrada durante casi dos meses porque los legisladores del partido oficialista, MPN, no asistieron a las sesiones. Luego, el pedido de juicio político fue archivado. Poblete fue procesado por homicidio calificado y condenado a cadena perpetua. Esta causa fue llamada “Fuentealba I”, abocada sólo a la autoría material del asesinato. La otra causa judicial, llamada “Fuentealba II”, investigó las responsabilidades en niveles superiores de la jerarquía policial y al entonces subsecretario de seguridad. Sandra Rodríguez, la compañera de Fuentealba, se presentó como parte querellante en ambas causas.

Antes de cumplirse el primer aniversario del gobierno de Macri, amigo del ex gobernador Sobisch, se decidió que la causa Fuentealba II prescribiera por el vencimiento de plazos.

“A muchos años de su fusilamiento, seguimos batallando por los derechos que, consecutivamente, durante todos los gobiernos, nos quisieron arrebatar: el acceso a la educación pública, la igualdad de oportunidades, el salario digno y el valor de la tarea docente” palabras de Sandra Rodríguez.

Ahora y siempre

El desenlace fatal de Arroyito no fue ningún accidente -tal como quiso presentar al caso el poder político- sino el resultado de una política de Estado.

El crimen de Carlos es un ejemplo de lo que puede suceder cuando el Estado, decide usar las fuerzas policiales para reprimir una demanda social. Los que pelean juntos, los que obstaculizan medidas o ajustes, los que se organizan políticamente tienen que ser silenciados para que la “democracia” continúe.

“No puede ser que después de diez años aún vivamos situaciones de intolerancia, o de no derecho ante un reclamo salarial y que se empiece así a perseguir a trabajadores, a difamarlos, que se empiece a poner en lugar de demonios a los sindicalistas, como es la palabra que se utiliza, y hacer un desprestigio total de la educación pública, diciendo que no somos bien formados, que tenemos mala calidad, todo eso nosotros ya lo vivimos”, señala Sandra.

Hoy más que nunca los trabajadores de la educación luchamos. El gobierno de Macri y de los diferentes gobernadores, sin distinción de color político, atacan a la escuela pública y nos roban derechos adquiridos. Pretenden hacer pasar el ajuste con persecución hacia los luchadores y represión. Pero eso no nos amedrenta. La lucha y muerte de nuestro compañero no fue en vano nos impulsa a continuar.

Carlos Fuentealba PRESENTE! AHORA Y SIEMPRE!

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